“La soledad duele pero en el campo somos una familia”
Cheikh creció en Magama, un pueblo de Mauritania junto a la frontera con Senegal, rodeado de sus padres y hermanos. Tras un año y dos meses en Canarias, Cheikh ha aprendido que la soledad es el precio más alto de la migración; en África, el despertar era un ritual compartido con su familia, mientras que aquí conoció por primera vez el silencio de una habitación vacía.
Fue el fútbol, ese sueño que persigue desde que tenía ocho años en los centros de formación de su país, lo que le devolvió el sentido de comunidad gracias al equipo de fútbol de CEAR. Aunque ha tenido que enfrentar la sombra del racismo y la nostalgia de su tierra, Cheikh se mantiene firme en su derecho a soñar y a vivir en libertad.
Con el corazón dividido entre la ambición de ser futbolista profesional y la sensatez de aprender un oficio como la mecánica, camina con la paciencia de quien sabe que cada paso que da en el césped es un mensaje que envía a su madre para decirle: «Mira, mamá, estoy cumpliendo nuestro sueño».